martes, 4 de abril de 2017

OH SEÑOR ENVÍA TU ESPÍRITU


En la vigilia de la noche Santa de la Pascua, cada una de las lecturas está acompañada de un salmo que sirve de respuesta a la palabra de Dios.

La primera de las lecturas que se proclama es Génesis 1, 1 - 2, 2, que narra la creación del universo, la tierra y cuanto la llena, hasta su culminación en la creación del hombre. Como respuesta a esta lectura la Iglesia propone en el Leccionario el salmo 104 (103).

Para cantarlo en la celebración, el Camino Neocatecumenal, adaptó la versión de este canto compuesta por el sacerdote Lucien Deiss. Aquí os dejamos el canto:




lunes, 20 de marzo de 2017

Cómo escoger los cantos de respuesta a las lecturas

El canto que acompaña a una lectura tiene una función importantísima dentro de las celebraciones, si la lectura tiene la función de proclamar la Palabra de Dios que sale del ambón para tocar el corazón del hombre; el canto que sigue a la lectura, es el puente que sirve para devolver a Dios la palabra hecha carne en forma de alabanza.

El canto que sirve como respuesta de la lectura debe estar en sintonía con la propia lectura o con el contexto de la palabra. En primer lugar es importante que en la comunidad no se proclamen cantos que no hayan recibido de sus catequistas, en el Camino cada cosa tiene su momento, y los cantos azules y sobretodo los verdes, van precedidos de una catequesis que nos ayuda a comprenderlo y a interiorizarlo, por lo tanto, no tiene sentido proclamar en la comunidad un canto que no se ha recibido porque no se comprende lo que se está cantando.

A la hora de escoger un canto como respuesta a la lectura pueden seguirse dos vertientes diferentes.
En primer lugar, el canto puede seguir la tónica de la lectura siempre y cuando no la repita. Por ejemplo si la lectura fuese Isaías 42, 1-8 (Primer canto del Siervo de Yahveh), no tendría sentido poner como respuesta el canto “He aquí mi siervo”, ya que el canto es la propia lectura, sin embargo, se podría poner el canto “Himno a la Kenosis”, ya que sigue la línea de la lectura pero no la repite.

En segundo lugar, el canto que sigue a la lectura puede estar en contraposición a la misma, es decir, que exponga la idea contraria que expresa la lectura. Por ejemplo, en la lectura del profeta Jeremías 9,10-14;

“Voy a hacer de Jerusalén un montón de piedras, guarida de chacales, y de las ciudades de Judá haré una soledad sin ningún habitante.  ¿Quién es el sabio?, pues que entienda esto; a quién ha hablado la boca de Yahveh?, pues que lo diga; ¿por qué el país se ha perdido, incendiado como el desierto donde no pasa nadie?  Yahveh lo ha dicho: Es que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi voz ni la han seguido;  sino que han ido en pos de la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales que sus padres les enseñaron.”

Se habla claramente de la destrucción de Jerusalén, por lo que podríamos poner el canto “Jerusalén reconstruida” en contraposición a la lectura. Este es un ejemplo muy simple, pero nos puede ayudar a entender de lo que estamos hablando.


A la hora de encontrar cantos que estén en consonancia con la palabra, podemos escoger aquellos que nos aparecen en las citas del vocabulario bíblico León Dufour, no obstante, también podemos recurrir a la versión en pdf del Resucitó y utilizar el buscador para ver en que cantos aparece la palabra que se está preparando, una palabra clave de la preparación o un antónimos de la misma, es decir, si la palabra que se prepara es “vida”, también se pueden buscar cantos que contengan la palabra “muerte”. A partir de ahí se van seleccionando los cantos que mejor ayuden a rezar a la comunidad.

Esta herramienta, simplifica significativamente el trabajo de escoger los cantos y es bastante efectiva, ya que cualquiera tiene acceso a ella y no hace falta conocer previamente el cantoral en profundidad, por ello, los hermanos que no son salmistas pueden escoger con facilidad los cantos que acompañan a las lecturas de la palabra.


jueves, 2 de marzo de 2017

El Shemá Israel para el pueblo judio

Los judíos leen el Shemá dos veces al día, al despertarse, en la oración de la mañana (Shajarit) [1]y al acostarse, en la oración de la noche (Arvit)[2]. Es una forma de representar que Dios abarca toda la vida del hombre. Esta costumbre adoptada por el Camino Neocatecumenal, no solo nos acerca a  las raíces de nuestra fe, ya que Cristo como judío, leería el Shemá todos los días al despertarse y al acostarse, sino que nos enseña desde pequeños que no existe más Dios que Yahveh.

El rabino Daniel Szlaifsztein [3]dice: “Si una noche no se proclama el Shemá es como si nunca lo hubieras proclamado.” ¿Por qué esta afirmación tan rotunda?

Para entenderlo reflexionaremos sobre la siguiente frase del Rav Kook[4]: “La luz de la verdad es algo que nunca envejece, siempre se mantiene en su totalidad, siempre se mantiene en el aprecio que le tenemos, la luz de la verdad, cuando hablamos de la Torá debe ser algo en constante renovación.” La clave de lo que dice el rabino Daniel Szlaifsztein la encontramos en la última frase del Rav Kook. Es necesario vivir el encuentro con Dios mediante la oración como algo nuevo todos los días, el rabino nos enseña que la oración debe ser una novedad que se renueva todos los días y que tiene el poder de renovarnos por dentro. El Rav Kook también dice: “Dios nos hizo para que dentro de nuestra alma siempre haya un lugar para la renovación de la persona”, es decir, nuestra alma va en busca de su creador y la forma en que nos comunicamos con él, es la oración.

Podríamos decir que el alma funciona de un modo muy similar al cuerpo en algunos aspectos. Cuando una persona pasa un tiempo sin comer o beber siente hambre y sed, por ello, cada día tiene la necesidad de alimentarse, no le basta con lo que comió o bebió ayer. Del mismo modo, nuestra alma, tiene la necesidad de unirse a Dios mediante la oración y no le basta con lo que rezamos ayer. Al contrario que con la comida donde nuestro cuerpo siente la necesidad de alimentarse, con la oración nuestro cuerpo no siente esa sensación de vacío que el alma si experimenta, no existe una alarma física que nos indique que necesitamos rezar.

“Hay una verdad, una gran que el pueblo judío desde que es pueblo lleva consigo, El Shemá Israel.” Estas palabras del Rav Kook nos hablan de la gran importancia que tiene para el pueblo judío el Shemá Israel, pues es la confirmación de que son el pueblo elegido ya que es el propio Dios quien los llama y les impera que lo escuchen. El Shemá es la esencia de la fe del pueblo hebreo a lo largo de toda la historia, y por ello les ha acompañado siempre.

Por más que conocemos el Shemá y su significado no basta con haberlo proclamado en el pasado, pues poder proclamar nuevamente que Dios es el único Señor y que por ello lo amarás con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, genera en tu alma una renovación espiritual. Significa que voluntariamente deseas hacerte uno con Dios y que lo antepones a tu razón, a tus afectos y a tus fuerzas. Cada vez que se proclama el Shemá es un signo de que por encima de ti está Dios. Cuando el rabino Daniel Szlaifsztein dice: “Si una noche no se proclama el Shemá es como si nunca lo hubieras proclamado.” No está afirmando que quien se olvidó de Dios una noche es como si nunca hubiera rezado, pero sí que en ese momento Dios no fue lo más importante para ti, sino que hubo algo que ocupo tu corazón, tu mente o tu alma.

Que en el Camino Neocatecumenal se proclame el Shemá Israel, no es un intento por judaizar el cristianismo, Jesucristo ha sido quien ha llevado el Shemá a su plenitud muriendo por todos nosotros en la cruz. En ella amó a su padre donando su corazón, que fue traspasado por una lanza; ofreciendo su razón simbolizada en su cabeza coronada de espinas y ofreciendo su ser que fue clavado a un madero. Cristo nos enseñó en la cruz que es amar a Dios padre, a pesar de compartir su misma naturaleza; el justo entre los hombres fue contado entre los malhechores y lo hizo por salvar a la humanidad de la muerte del pecado. Por eso, proclamar el Shemá Israel no es solo recordar la alianza del Sinaí, como hace el pueblo judío; cuando un cristiano lo hace está recordando el memorial de la Nueva Alianza, el sacrificio de Cristo en la cruz.




Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno.
Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma con toda tu fuerza. Y estas palabras que Yo te ordeno hoy estarán sobre tu corazón. Las enseñarás a fondo a tus hijos, y hablarás de ellas al estar sentado en tu casa y al andar por el camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás como señal sobre tu mano y serán por recordatorio entre tus ojos. Las escribirás sobre las jambas de tu casa y en tus portones.
Fonética:
Shemá Israel Adonai Elohéinu Adonái Ejád.
Barúj Shem Kevód Maljutó Leolám Vaéd.
Veahavtá et Adonai Elohéja, Bejól Levavjá, Uvejól Nafshejá, Uvejól Meodéja. Vehaiú Hadvarím Haéile Ashér Anojí Metzavjá Haióm Al Levavéja. Veshinantám Levanéja Vedibartá Bam, Beshivtejá Beveitéja, Uvelejtejá Vadérej, Uveshojbejá, Uvkumejá. Ukshartám Leót Al Iadeja Vehaui Letotafot Bein Eneja Uktabtam al Mezuzot Beitéja, Uvishearéja.


[1] Shajarit o Shaharit (שַחֲרִת), del hebreo shajar o shahar (שַחָר) "luz de la mañana"

[2] Arvit (עַרְבִית) o Ma'ariv (מַעֲרִיב), de "anochecer"

[3] Rabino Daniel Szlaifsztein. Agadot Talmudicas: Si una noche no lees el Shema Israel, es como si nunca lo leíste (09/01/11)                   

[4] Abraham Isaac Kook (1865, Grīva, hoy día en Letonia - 1935) emigró a Palestina en 1904. En 1921, se convierte en el primer gran rabino Askenazí del "Hogar Nacional Judío" en el Mandato Británico de Palestina, cargo que se acababa de crear. Era un rabino conocido por sus conocimientos talmúdicos. En 1924, creó la Yeshiva Merkaz Harav.